¿Qué pasa si descubro que el más pobre de los mendigos y el más insolente de los delincuentes están todos dentro de mí; y que estoy necesitado de las limosnas de mi propia bondad, que yo mismo soy el enemigo que debe ser amado, ¿entonces qué?
Carl Jung en Psicología y religión
A medida que crecemos y nos socializamos, se nos va indicando —a través de la aprobación o desaprobación de nuestros actos— cuál es el territorio de lo apropiado, de lo bueno y de lo conveniente. Aprendemos, de esta manera, qué es lo que debemos hacer o dejar de hacer, para ser aceptados, para existir positivamente ante la mirada de los otros.
Los aspectos que rechazamos de nosotros mismos, aquello que deseamos no ser, se instaura como una instancia psíquica que Jung denominó Sombra.
De la sombra hacen parte entonces aquellos deseos, impulsos, emociones y cualidades que hemos reprimido durante el proceso de socialización.
El adversario en la psique
En toda historia, narración, novela o película resulta imprescindible la figura del antagonista o adversario.
Este personaje suele encarnar las fuerzas del mal, la destrucción, la muerte o la injusticia. El antagonista de una historia, no solo representa un obstáculo o desafío para el héroe protagonista, sino que, en un nivel simbólico más profundo, encarna los miedos y aspectos reprimidos del propio héroe o de la sociedad en la que se desenvuelve.
A través del enfrentamiento con el adversario el héroe o la heroína logra no solo superar sus propias limitaciones, sino también integrar aspectos desconocidos o no reconocidos de su psique. El antagonista cumple entonces una función crucial en la narrativa permitiendo que el héroe lleve a cabo el proceso de evolución y transformación que se representa en la historia.
En nuestros sueños, el personaje que encarnamos, el ego onírico, representa al héroe: la conciencia en su proceso de transformación y desarrollo.
Aquello que nos confronta, nos ataca, nos persigue, con lo que estamos en conflicto, el adversario, suele simbolizar los aspectos que, inevitablemente, debemos enfrentar como parte del proceso de integración y realización de nuestra personalidad
Jung plantea que la sombra en nuestros sueños a menudo se representa en una figura del mismo sexo que el soñante. La sombra es la alteridad que percibe el ego como amenazante y hostil. Se puede representar también en alienígenas, monstruos, animales salvajes.
La “ecología” de los fenómenos psíquicos
Los diversos fenómenos y elementos de la naturaleza desempeñan funciones esenciales en el mantenimiento del equilibrio del ecosistema planetario. De manera análoga, desde la perspectiva junguiana, se plantea que cada emoción o actitud que hace parte de nuestro sistema psíquico, cumple una función indispensable para el mantenimiento del equilibrio interno.
Si una emoción no hace parte de nuestro repertorio psíquico, carecemos de una herramienta importante para enfrentar las diversas circunstancias que se nos van presentando a lo largo de la vida. Por lo anterior, puede afirmarse que no es posible catalogar alguna emoción como intrínsecamente negativa.
Sin embargo, por diferentes motivos, hay emociones que, a nivel cultural o familiar, reciben mayor aceptación como pueden ser la alegría, la empatía, el orgullo o la gratitud, mientras que otras tienden a ser proscritas, como la ira, la tristeza, el miedo o la envidia.
Las emociones y actitudes que han sido relegadas a la sombra pueden ser entonces aspectos que completan y compensan nuestras carencias conscientes. La sombra corrige nuestra actitud consciente y promueve la maduración de la personalidad.
La valoración de las emociones
La valoración que se otorga a una emoción o una actitud varía según los valores y normas de cada entorno familiar. Por ejemplo, en algunas familias, el orgullo puede ser fomentado como una actitud positiva que impulsa la autoestima y el logro, mientras que en otras se considera inapropiado o arrogante.
De manera similar, en ciertos entornos, la desconfianza o las actitudes agresivas pueden resultar fundamentales para la supervivencia, mientras que emociones o comportamientos como la confianza o la amabilidad quedan relegados a la sombra por resultar inapropiados.
La sombra incluye, entonces, no solo aspectos socialmente considerados negativos, sino también cualidades que no han sido suficientemente valoradas en nuestro entorno o cuya expresión no resultaba adaptativa en el contexto en el que nos desarrollamos.
En sueños la sombra puede ser encarnada por un personaje que represente emociones o actitudes rechazadas por el soñador. Una persona que se ha identificado con la excelencia, que sea demasiado perfeccionista o rígida puede soñar que se confronta con una persona que considere conformista, caótica, irresponsable, descuidada, desorganizada o negligente. Esas características de la sombra pueden ser compensadoras de su actitud consciente pudiendo promover adaptabilidad, espontaneidad o practicidad.
La vida por vivir
La sombra puede entenderse también como aquello que hemos evitado, lo que nos genera miedo o aquello que nos negamos a asumir. Esto abarca responsabilidades, puntos de vista, aspectos propios de nuestra etapa vital e incluso talentos que no hemos desarrollado.
En el Libro Rojo Jung hace alusión a la sombra como la vida no vivida: «La vida que aún podría vivir, he de vivirla, y el pensar que aún podría pensar, he de pensarlo. Tú quieres, por cierto, huir de ti mismo para no tener que vivir lo no vivido hasta ahora. Sin embargo, no puedes huir de ti mismo. Está todo el tiempo contigo y pide realización”
Una persona identificada con la juventud, con la intensidad y la velocidad, que evita compromisos y responsabilidades, podría soñar con un anciano o una figura mayor representando los aspectos por integrar en su psique, esto es, madurez, sabiduría, lentitud, reflexión.
Desde la perspectiva de la psicología junguiana, los sueños actúan como un intento del inconsciente de equilibrar o complementar aspectos desatendidos o reprimidos en la conciencia.
Lo marginal o lo excluido
Una de las fuentes fundamentales para la construcción de la propuesta antropológica y psicoterapéutica de Jung fue el diálogo sostenido con las imágenes de su inconsciente. Este proceso quedó plasmado en sus diarios imaginativos, conocidos como los Libros Negros, que sirvieron como base para la creación del Libro Rojo, una obra en la que Jung integró también imágenes. Este material simbólico fue desarrollado conceptualmente en su obra científica a lo largo de toda su trayectoria.
Jung propone que, para que se lleve a cabo una comunicación efectiva con los aspectos inconscientes, es necesario tomar en serio a los personajes interiores y relacionarse con ellos como si fueran personas reales. Este enfoque implica escuchar, dialogar y confrontar con los aspectos de la psique que no hemos integrado conscientemente. Uno de los personajes que aparece en sus diálogos imaginativos es el Diablo, que simboliza un punto de vista compensatorio al ego racional de Jung.
En el Libro Rojo escribe: “Discutí seriamente con el diablo y me comporté con él como con una persona real. Esto he aprendido en el misterio: a tomar personal y seriamente a aquellos vagabundos desconocidos que habitan el mundo interior, ya que son reales porque actúan”.
Jung plantea que evitar comprender al propio «diablo» es una forma de evasión, y destaca que entrar en diálogo con los aspectos inconscientes no implica identificarse con ellos ni adoptar una actitud pasiva frente a ellos.
“Si alguna vez tienes la inusual ocasión de hablarle al diablo, entonces no olvides discutir seriamente con él. En definitiva, él es tu diablo. El diablo es, en tanto adversario, tu propio otro punto de vista que te tienta y te pone piedras en el camino ahí donde menos las quieres. Aceptar el diablo no quiere decir pasarse a su bando, si no uno se vuelve diabólico. Más bien quiere decir entenderse. Así aceptas tu otro punto de vista. De este modo el diablo pierde algo de terreno y tú también. Y eso, por cierto, podría ser bueno”
Otra de las figuras con las que Jung entra en contacto es el indigente, que representa los aspectos marginados, rechazados por la consciencia, a los que se les valora de manera negativa. Estos aspectos surgen de lo inconsciente para fomentar cualidades hasta ahora no vividas, para brindar profundidad y complejidad a nuestra psique.
En el libro rojo menciona “Un indigente se reúne conmigo y quiere ser admitido en mi alma, por lo tanto, soy muy poco indigente. ¿Dónde estaba mi indigencia mientras no la vivía? Yo era un practicante de la vida, uno que difícilmente pensaba y fácilmente vivía. El indigente estaba lejos y olvidado. La vida se había vuelto difícil y sombría. El invierno no terminaba más y el indigente estaba parado en la nieve y sentía frío. Me uno a él, pues yo lo necesito. Él hace la vida fácil y simple. Conduce a la profundidad, al fondo desde donde veo la altura. Sin la profundidad no tengo la altura”
El aspecto confrontador en los sueños puede representar a nuestro «diablo», nuestro «mendigo», aquello marginado, desdeñado o primitivo en la psique: aspectos de nosotros mismos que hemos relegado o reprimido y que buscan desesperadamente su realización
Las heridas no sanadas
Cuando las personas enfrentan experiencias de alto impacto emocional, como abusos, maltrato o abandono, los recursos internos del individuo pueden no ser suficientes para procesarlas y asimilarlas adecuadamente.
Para mantener la estabilidad del sistema, la experiencia dolorosa suele aislarse, generando heridas psíquicas que se transforman en traumas y pasan a formar parte de los contenidos de sombra.
Es común que las personas expuestas a experiencias emocionales traumáticas recreen repetidamente escenas relacionadas en sus sueños como un esfuerzo de la psique por integrar y procesar el impacto psicológico del evento.
Lo que se manifiesta en un sueño como sombra puede, en ocasiones, representar un duelo no elaborado, una experiencia traumática no integrada o un sufrimiento que hemos evitado enfrentar.
Manifestaciones de la sombra
Los aspectos reprimidos y rechazados de nuestra psique no desaparecen. Lo no dicho, lo no verbalizado, lo no integrado o lo no desplegado se manifiesta en el individuo de diversas formas: patrones de relación disfuncionales, afecciones psicosomáticas, fobias, reacciones emocionales desbordadas de ira, tristeza o ansiedad, pensamientos o comportamientos compulsivos e incluso accidentes o eventos inesperados que parecen portar un simbolismo inconsciente.
Los estratos de la sombra
La sombra puede entenderse como una estructura de diferentes niveles relacionados con los sistemas a los que pertenecemos.
El nivel más superficial o inmediato corresponde al ámbito individual, representado por la sombra personal. Este nivel se expande hacia sistemas más amplios, como la familia, la región geográfica o la nación. En el nivel más profundo, encontramos la sombra colectiva, donde habitan los aspectos pendientes de integración que compartimos como humanidad en su conjunto.
La sombra familiar: los ancestros en la psique
Hay sueños que pueden aludir a la sombra familiar, donde aquello que nos confronta está vinculado con lo no nombrado, lo excluido, las heridas no sanadas, los amores no vividos, los anhelos insatisfechos o las culpas no resueltas que se han transmitido a lo largo de varias generaciones en nuestro sistema familiar.
De la sombra familiar hacen parte emociones o valores que se han considerado inadecuados o peligrosos a lo largo de generaciones. Por ejemplo, en una familia donde se valora la estabilidad emocional por encima de todo, los miembros pueden aprender a reprimir sus emociones más intensas, como el enfado o la tristeza. Asimismo, en algunas familias se puede dar un valor desmedido a la delgadez del cuerpo o al desempeño académico, relegando a la sombra aspectos importantes como la aceptación del propio cuerpo o la creatividad no ligada al éxito académico.
No solo heredamos entonces un código genético, sino que también recibimos dinámicas psíquicas no resueltas que se transmiten a través del linaje familiar.
Las fechas de nacimientos, accidentes o muertes que se repiten a lo largo de varias generaciones, los patrones vinculares persistentes, la repetición de fracasos financieros, las elecciones o destinos de pareja similares, y los sentimientos de culpa intergeneracionales pueden interpretarse como expresiones de la sombra familiar.
Jung, luego de trabajar en su propio cuadro genealógico, le pareció de manera evidente, que todas las personas nos encontramos bajo la influencia de los interrogantes que quedaron sin respuesta para nuestros padres y abuelos.
Menciona en su autobiografía “muchas veces me pareció que en una familia existía un karma impersonal que se transmitía de padres a hijos. Me lo pareció siempre, como si hubiera de dar respuesta a cuestiones que se plantearon a mis antepasados, sin que ellos pudieran responderlas, o como si debiera terminar o proseguir cosas que el pasado dejó inconclusas”
Propone entonces como pertinente la exploración sobre las búsquedas, anhelos, y aspectos pendientes de nuestros antecesores “Cuanto menos comprendamos lo que buscaron nuestros padres y antecesores, tanto menos nos comprendemos a nosotros mismos, y contribuimos con todas nuestras fuerzas a acrecentar la carencia de arraigo e instintos del individuo…y así permanecemos en las tinieblas sin vislumbrar si el mundo de los antepasados participa con bienestar ancestral en nuestra vida, o a la inversa, si se aparta de ella con aversión. Nuestra tranquilidad y satisfacción internas dependen en gran medida de si la familia histórica, personificada por el individuo, concuerda o no con las condiciones efímeras de nuestro presente.”
En su obra Psicología y Alquímia manifestó “las almas de los antepasados (factores potenciales, cualidades, talentos, posibilidades, etc., que hemos heredado de todas las líneas de nuestra ascendencia) están esperando en el inconsciente y están listas en cualquier momento para comenzar un nuevo crecimiento”
La sombra colectiva
Las comunidades, los pueblos y las naciones también poseen aspectos que rechazan de sí mismas, heridas que aún no han sido sanadas o potenciales y cualidades no desplegadas.
En varias tradiciones culturales indígenas a los sueños se les suele atribuir un mensaje más referido a la dinámica de la comunidad que del individuo mismo. Se les atribuye a los sueños ser mediadores de información relevante para la comunidad con respecto a sus sembrados, la salud de sus animales, el clima, la actitud de los enemigos.
Sueños relacionados con la sombra colectiva podría incluir imágenes de conflictos y tensiones con otros grupos o naciones, o bien la aparición de figuras amenazantes que representen lo que la comunidad o el individuo dentro de esa comunidad rechaza.
Jung destaca la relación de los sueños individuales con la psique colectiva; en Civilización en transición señala “Cuando recomiendo a mi paciente: «Preste usted atención a sus sueños», quiero decir: «Retorne usted a lo más subjetivo suyo, a la fuente de su existencia y de su ser, a ese punto en el que hace usted historia universal sin darse cuenta”
Se plantea, en este sentido, que el trabajo con la sombra y nuestros esfuerzos por desarrollar la conciencia no solo influyen en nuestro bienestar personal, sino que también afectan la manera en que el mal se manifiesta en el mundo.
La proyección de la sombra: el mal en el otro
El «mal», lo indeseable, lo no reconocido, se suele ubicar, a partir del mecanismo de la proyección, en grupos externos, como los migrantes, minorías étnicas, religiosas o culturales e incluso en naciones vecinas.
La proyección de la sombra colectiva en los migrantes, por ejemplo, puede manifestarse a través de estereotipos que los describen como peligrosos, inadaptados o como una amenaza para la cohesión social o económica.
Estas imágenes proyectadas permiten a la comunidad o nación evitar confrontar sus propios problemas internos, como la desigualdad, la corrupción o las tensiones sociales no resueltas. De esta manera, el «otro» se convierte en el depositario de todo lo que se considera negativo o problemático, permitiendo que la comunidad mantenga una imagen positiva y coherente de sí misma.
Esta dinámica de proyección es particularmente peligrosa porque puede llevar a la deshumanización de los grupos proyectados y justificar la discriminación, la violencia o la exclusión.
La Umbra Mundi: la sombra del mundo
A veces, en nuestros sueños, el aspecto confrontador se manifiesta a través de imágenes que remiten a factores colectivos, como un tsunami, una fuerte inundación, una invasión extraterrestre, un terremoto, una pandemia o una guerra.
Estos sueños pueden aludir a lo que el analista junguiano Murray Stein nombró como Umbra Mundi —la «sombra del mundo». El autor propone esta imagen como un modo de entender la crisis colectiva que estamos atravesando a nivel global en distintos ámbitos.
La Umbra Mundi representa según Stein la acumulación de los aspectos reprimidos y no resueltos a nivel social y global “El futuro está oscurecido. Estábamos a la luz del día, como parecía, y ahora está oscuro y el camino por delante está ensombrecido. Lo notable de este tiempo presente es que es universal. Realmente es un Umbra Mundi. No es un fenómeno local, un estado de ánimo personal o un sentimiento pasajero. Es una realidad objetiva. Estamos en la oscuridad, globalmente… Estamos en el bosque oscuro y la incertidumbre lo ha infectado todo. Quizás aparezca un Virgilio para acompañarnos durante esta noche. Tenemos mucho que aprender en Umbra Mundi”
La Umbra Mundi, la sombra del mundo, se manifiesta no solo en sueños, sino a través de sucesos globales que nos impulsan a un cambio de actitud: pandemias, catástrofes naturales, guerras, entre otros. Estos eventos nos confrontan, corrigiendo nuestra unilateralidad y promoviendo un nuevo orden.
La sombra del mundo aparece para sacudirnos, buscando corregir la visión predominante y fomentando el abandono de valores y comportamientos colectivos insostenibles. De este modo, se impulsa la complejización y maduración de la consciencia colectiva.
¿A qué le huimos como humanidad? ¿Que está pendiente de integración?
Desde la perspectiva de la psicología junguiana, se considera que el desarrollo de la consciencia colectiva ha implicado un paulatino distanciamiento de lo inconsciente y de la naturaleza.
Como parte de este proceso evolutivo del desarrollo de la conciencia, lo inconsciente, vinculado a lo femenino y a la naturaleza, es percibido por el ego en formación como algo bárbaro, hostil y caótico, que debe ser sometido y reprimido. Esta dinámica ha conducido a una sobreidentificación con la racionalidad y el progreso, promoviendo un «endiosamiento» de la conciencia en detrimento de los aspectos inconscientes.
En este sentido, Jung señala que la civilización occidental se caracteriza por una actitud soberbia y rapaz, que se traduce en una relación instrumental, explotadora y abusiva hacia todo aquello que, simbólicamente, se asocia con lo femenino: la naturaleza, el cuerpo y la imaginación.
Para Jung, el alejamiento de la perspectiva simbólica, característico de nuestra civilización, ha dado lugar a un desequilibrio y una crisis colectiva que exigen la transformación de principios y símbolos fundamentales. Este fenómeno se manifiesta como un estado de escisión, fragmentación y desorientación, que constituye tanto un síntoma como una expresión de la transición hacia un nuevo orden. En este proceso, los mecanismos de autorregulación y compensación del psiquismo buscan promover la integración de los aspectos reprimidos, excluidos y no vivenciados.
La primera etapa de la vida y del desarrollo de la conciencia se asocia con la fuerza de voluntad, la conquista de la naturaleza, la luz, la racionalidad y el progreso lineal. Simbólicamente, está vinculada al héroe solar y al desarrollo de la individualidad. En cambio, la segunda etapa de la vida se relaciona con la Luna, las sombras, las vulnerabilidades, la intuición, el cuidado, los ciclos y lo femenino arquetípico.
La intensa luz del sol nos permite identificar lo que nos diferencia, mientras que las tenues sombras de la luna nos revelan los hilos que nos conectan como una unidad. El Sol simboliza una verdad unívoca y excluyente, mientras que la perspectiva lunar nos invita a aceptar la incertidumbre, a abrazar las paradojas y a construir modelos sostenibles a largo plazo. Estos modelos se basan en la colaboración y en el reconocimiento de la interdependencia colectiva, no solo entre los seres humanos, sino también entre estos y todas las demás expresiones de la naturaleza
Desde la perspectiva junguiana, se considera que la humanidad está siendo impulsada hacia el desarrollo de una masculinidad madura, que no se relacione con lo femenino desde una lógica de instrumentalización o sometimiento, sino desde la complementariedad. Del mismo modo, se nos invita al despliegue de una feminidad madura, que no perciba lo masculino como un salvador o un verdugo, sino como una alteridad con la que es posible danzar, afectarse y nutrirse mutuamente.
La destacada analista junguiana Marion Woodman, quien profundizó acerca del alma de lo femenino en la psique colectiva , menciona como este aspecto se manifiesta en los sueños encarnandose en personajes femeninos de piel oscura.
“El alma femenina es la que nos fundamenta; nos ama y nos acepta en nuestra totalidad. Nuestro reto hoy es encarnar esto. Desde hace algún tiempo he estado viendo sueños, cientos de sueños de personas de ambos sexos, sobre mujeres grandes y oscuras. Ellas aparecen como bailarinas, magníficas gitanas, una cocinera portuguesa o gente que conocieron en las Bahamas. Estas grandes maravillosas mujeres negras son un símbolo redentor. Ellas son una imagen salvadora porque tienen contacto con el cuerpo, y también tienen amor por él. Nos evocan a la Virgen Negra, la virgen de la tierra oscura que se adoraba en la Edad Media y que todavía se venera en muchos países hoy en día”
Psicólogo Clínico – Psicoterapeuta Junguiano
Imagen de la portada Las distracciones de Dagoberto, 1945 de Leonora Carrington en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires
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