Lectura junguiana del mito de Yurupary parte II

La tensión de las polaridades constitutivas como energía psíquica, lo masculino y lo femenino como aspectos interdependientes, la polaridad puer-senex, el refinamiento de la personalidad

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La tensión entre polaridades como fuente de energía psíquica

El mito de Yuruparý dramatiza la transición de un orden matriarcal a uno patriarcal mediante la instauración de nuevas leyes que reorganizan el orden social y generan tensión y conflicto entre los personajes masculinos y femeninos. 

Las nuevas  disposiciones excluyen a las mujeres de los asuntos de importancia y las vetan de la participación en ceremonias religiosas, con el fin de revertir el poder que anteriormente ejercían sobre los hombres. Ante este nuevo orden, las mujeres se rebelan y reciben severos castigos.

Además de la tensión entre los personajes masculinos y femeninos, se representa —como ocurre en numerosas narraciones— una dinámica evolutiva que surge de la tensión y el conflicto entre otras fuerzas polares: bien y mal, luz y oscuridad, lo divino y lo humano, lo joven y lo viejo. En esta confrontación de opuestos se despliega un proceso continuo de transformación, en el que cada polo necesita del otro para realizar plenamente su sentido.

La psicología analítica está atravesada profundamente  por la noción de las  polaridades complementarias. Para Jung, la vida psíquica se organiza en torno al “drama de los opuestos”, cuya tensión genera la energía necesaria para la maduración de la personalidad.

En términos energéticos, la polaridad implica un potencial: allí donde hay tensión entre opuestos, surge un flujo transformador que lucha por el equilibrio. Esta dinámica abarca pares como consciente e inconsciente, masculino y femenino, introversión y extraversión, persona y sombra, caos y orden. 

Se propone  que el despliegue de la dinámica evolutiva exige una actitud interior capaz de sostener la tensión entre los contrarios. Sin esta tensión viva entre polaridades, la vida psíquica se estanca, se vuelve opaca, insípida y carente de vitalidad.

Nadie se salva por sí mismo: lo femenino y lo masculino como aspectos interdependientes

Para la psicología junguiana el desarrollo de la conciencia, la madurez de la personalidad se encuentra relacionado  con la capacidad de asumir paradojas cada vez de una mayor complejidad;  de poder percibir la unidad que subyace a las polaridades; lo uno y lo otro relativos e interdependientes.  

No se trata de si lo uno o lo otro es lo correcto o adecuado, sino de cuándo, dónde y cómo lo es cada uno de ellos. No hay correcto o incorrecto, bueno o malo absolutos en ninguno de los aspectos de una polaridad. Sólo hay equilibrio o desequilibrio. Lo anterior está relacionado con lo que algunas tradiciones filosóficas o espirituales nombran como trascender la ilusión de la dualidad.  

Lo femenino y lo masculino, desde esta perspectiva, no son equivalentes a hombre y mujer, sino que hacen referencia a fases de un sistema dinámico de complementariedad y equilibrio. Tal como se desprende de la noción china del yin y yang. Cuando yang -lo masculino, el patriarcado-, ha llegado a su extremo, se originara el yin -el retorno de lo femenino-. Yin y yang por lo tanto, no son elementos independientes, sino dos fases de un mismo fenómeno, bajo una visión cíclica y relativa del universo.

De la interacción entre lo masculino y lo femenino surge la fuerza creativa; su confrontación permite la emergencia de estos aspectos en un nivel más elevado de integración y complementariedad, vividos más como una paradoja que como una dicotomía.

En este pasaje del mito se vislumbra que la sanación o la redención dependen de la polaridad complementaria: el hombre de la mujer, el remedio del veneno, la muerte o la descomposición como fuente de vida y de salud.

“Contra ellos todos poseemos el antídoto: el hombre para la mujer, la mujer para el hombre, pero ninguno se puede curar por sí mismo; es suficiente el contacto de la parte ofendida con el órgano sexual del sexo opuesto, o con el agua donde éste fue lavado. Estas hierbas que van saliendo alrededor de la passyua son todas terribles si se usan para el mal, amuletos si son utilizadas para el bien. La raíz de esta liana es un veneno potentísimo, y unido a la ponzoña de estos insectos bastará que sea puesto en contacto con la sangre para que mate instantáneamente; es el wirary. Pero también tiene su antídoto: los excrementos humanos, algunos gusanos de la playa, la sal, la espuma de las cascadas; disueltos en agua y bebidos, sanarán a quien los tome”

La cooperación entre los contrarios

En la naturaleza los opuestos cooperan y  se complementan en lugar de anularse.  Cuando es de día o verano en la mitad del planeta, es de noche o invierno en la mitad opuesta. Los períodos de luz siguen a los períodos de oscuridad.  La noche se define por la ausencia del día; el día por la ausencia de la noche, de lo anterior se desprende  que uno no puede existir sin el otro.  

Las polaridades, para mantenerse vivas, necesitan armonizarse, comprenderse mutuamente y darse el tiempo necesario para que cada una cumpla su función. Su poder radica en energizar y transformar la vida, en hacer “que el mundo gire”. Para no desintegrarse ni volverse destructivas, deben alternarse rítmicamente, como un péndulo que oscila sin perder su centro. Sostener ese centro —un punto de conexión y afinidad entre los opuestos— permite que se relacionen de forma armónica.

A nivel psicológico la  unilateralidad en alguno de los aspectos de una polaridad interna se compensa con el advenimiento  de su opuesto. Lo anterior hace parte de los mecanismos de autorregulación intrínsecos  de la psique, que promueven la armonía de los contrarios en síntesis cada vez de una mayor complejidad.   

Con respecto a la polaridad femenino y masculino como aspectos interdependientes y complementarios el  el Abuelo Miru Púu perteneciente a la comunidad Tukano menciona en una entrevista con James:

La sexualidad es sagrada, el deseo es sagrado, la procreación entre los humanos es un acto sagrado. De ese acto depende toda la estabilidad de la naturaleza en general, de la Madre Tierra y del Universo. Una bifurcación de su propósito, una desviación de sus reglas, una falla en su sistema inteligente puede tener repercusiones negativas sobre todo el ciclo evolutivo en general. Partamos del mito: las mujeres quieren procrear por sí solas, para sentirse completas; desean volver a la unidad primordial de donde han nacido, pero desconociendo la otra mitad de su ser que es el hombre, y esta búsqueda desesperada no puede estar sino predestinada al fracaso. La búsqueda de la completud siempre requiere el reconocimiento de la existencia de otro ser que es mi mismo espejo. Las mujeres de los tiempos antiguos deciden buscar por su cuenta otra posibilidad de generación de vida y para esto se embarcan en una larga odisea a través del Amazonas en busca de una ensoñación lo suficientemente poderosa que les permita asumir en su cuerpo la capacidad de los hombres. Las mujeres sabias están en búsqueda de conocimiento. Realizan un viaje chamánico. El final del viaje ya estaba previsto en la tradición del Padre y la Madre ancestral… La procreación es la labor de la unidad de dos polos y no de la independencia de uno de ellos. Una ruptura de ese principio biológico desencadenaría una ruptura en los otros órdenes de la naturaleza, incluso una inestabilidad de todo el macrocosmos. (James y el Abuelo Miru Púu 2003)

La polaridad Puer- Senex: la tensión entre el viejo y el nuevo orden  

Además de la polaridad masculino-femenino, puede identificarse lo que en la psicología junguiana se conoce como la polaridad puer–senex, la cual expresa la oposición entre juventud y vejez, apertura a lo nuevo y fijación en la forma, vitalidad creativa y estructura. Desde esta perspectiva, dicha polaridad constituye un eje central del desarrollo psíquico.

En el mito, los ancianos que sobreviven a la peste encarnan al Senex en su doble dimensión: por un lado, son portadores de la sabiduría y de la memoria del origen; por otro, representan el obstáculo que debe ser enfrentado para que emerja una forma renovada de conciencia y de orden. Simbolizan así tanto la tradición que conserva y da continuidad como lo caduco que se resiste al cambio.

Los jóvenes, en contraste, encarnan la energía del Puer, la polaridad complementaria que introduce el impulso vital necesario para la transformación. Representan la espontaneidad, la creatividad, la apertura a la aventura y la disposición a asumir riesgos, fuerzas que permiten cuestionar las estructuras establecidas y abrir paso a nuevas posibilidades de sentido.

La dimensión luminosa de la polaridad puer–senex se manifiesta cuando ambos principios actúan de manera articulada. La tensión entre lo nuevo y lo viejo posibilita la construcción de estructuras psíquicas dinámicas y flexibles, capaces de sostener la paradoja, integrar la vulnerabilidad y la fortaleza, y conjugar la sabiduría de la experiencia con la curiosidad y el entusiasmo propios de lo naciente.

El mito incluye un pasaje especialmente elocuente de la tensión puer–senex: un grupo de jóvenes de la comunidad enciende un fuego sin advertir que uno de los ancianos se encontraba subido a un árbol cercano y lo sofocan con el humo. Más tarde, el anciano se venga transformándose en una casa para que los jóvenes entren en ella y, una vez dentro, los devora.

—Abuelo, ¿qué liana es ésa que te ha servido de escalera? Ualri —respondió  furioso—. Ya no se acuerdan que me estaba sofocando con el humo. Que quede esto como constancia de que unos picaros querían matar a un viejo. Se llevó a la nariz su amuleto, y pidió lluvia, relámpagos y truenos que de inmediato le fueron concedidos. Y los muchachos corrían de un lado a otro para protegerse del temporal. Ualri desde la selva los llamó diciéndoles que allí había una casa donde podían protegerse. Y se llevó el amuleto a la nariz y pidió ser transformado en casa, y se volvió casa, y los curumy entraron, y cuando el último hubo entrado, se cerró la puerta, y los muchachos de esta manera quedaron en la panza de Ualri, nuevamente convertido en hombre. Y éste fue el castigo que Ualri les dio a los malvados muchachos.

La depuración del ser: el refinamiento de la personalidad

Es una imagen recurrente, presente en diversas tradiciones filosóficas y espirituales, concebir la existencia humana como un camino de depuración y transformación, en el que lo burdo, primitivo u originario debe ser trabajado o elaborado para dar paso a una manifestación más refinada, compleja e integral del ser

Desde la perspectiva de la psicología analítica se plantea que la personalidad transita a lo largo de la vida por un proceso evolutivo de maduración que  implica que las emociones y pulsiones internas —que en su estado infantil se manifiestan de forma cruda, impulsiva y desbordada— vayan encontrando una expresión cada vez más humana, es decir, mediada por la reflexión, la imaginación y el símbolo. Es, en cierto modo, una espiritualización progresiva de los instintos, que permite que su expresión sea menos literal, más matizada y pueda vivirse de manera simbólica.

En los mitos, este proceso suele representarse a través de la transformación de un personaje o de algún elemento que pasa de un estado material, denso o pesado a otro más sutil, ligero y elevado.

El pasaje anteriormente mencionado del conflicto entre el viejo payé y los jóvenes de la comunidad ejemplifica este proceso de refinamiento tanto en los jóvenes como en el anciano. Los jóvenes son tragados por el payé y, tras permanecer un tiempo en su interior, son finalmente expulsados. Esta imagen evoca motivos presentes en otros relatos, como Caperucita Roja siendo engullida por el lobo y liberada después por el cazador, o Jonás siendo devorado por la ballena y arrojado nuevamente a la orilla.

La permanencia en el vientre —sea de un animal, una casa viva o un ser espiritual— alude a una transformación radical: un pasaje iniciático que conduce a una maduración de la personalidad. El viejo, a su vez, es luego quemado y se transforma en insectos, imagen que sugiere su propia transmutación y disolución en una forma distinta de existencia.

En el siguiente pasaje se muestra cómo la madurez implica una mayor capacidad de contención y de relación reflexiva con los instintos. La referencia a la seducción femenina no solo alude a lo sexual, sino que funciona como una imagen simbólica más amplia de la atracción ejercida por el inconsciente y por las fuerzas instintivas en general, capaces de avasallar al yo, menguar su capacidad de reflexión y poner en suspenso su voluntad consciente. En este sentido, lo que se sanciona no es el deseo en sí, sino la incapacidad, propia de una madurez no alcanzada, de sostener una relación consciente y responsable con las propias pulsiones:

“No es una vergüenza que un joven sea vencido por una mujer, pero cuando los cabellos blancos indican que la juventud está ya lejana, es una liviandad digna de castigo”.

El estar sometido a las mujeres aludiría a algo similar: la incapacidad de ejercer contención y diferenciación frente a los impulsos del inconsciente, quedando el yo a merced de fuerzas instintivas no elaboradas.

“Pero esto no fue suficiente y ahora las mujeres que están a la orilla del lago piensan que, habiéndome elegido tuixáua, sería esclavo de su voluntad; pero los que me oyen saben que he venido para reformar los usos y costumbres de los habitantes de todos los pueblos”

El triunfo del héroe solar, para Neumann, simboliza la victoria de la capacidad diferenciadora y reflexiva de la conciencia humana frente a la naturaleza y al inconsciente.

“La Diosa panteísta de los cielos, la tierra y el inframundo es reemplazada por un Dios celestial que, al separar con su voluntad los cielos de la tierra, ordena el mundo. La separación del cielo y la tierra es una imagen del nacimiento de la conciencia, en la que la humanidad es apartada de la naturaleza… [Estos mitos] plasman la capacidad humana para actuar de manera reflexiva antes que instintivamente […] se es cada vez más consciente del poder del individuo para conformar los acontecimientos”

Daniel Ulloa Quevedo

Psicólogo Clínico – Psicoterapeuta Junguiano

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Referencias bibliográficas

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CANO, Margarita. (2010). Yurupary: origen de la unidad femenino‑masculino: el “vuelo chamánico” de las hijas de la luna en la tradición oral Tukano del Vaupés. Tesis doctoral, Universidad de Tulane.

JAMES, José Ariel. (2003). Miru Púu, MASÁ BËHKË YURUPARY: mito Tukano del origen del hombre. Bogotá: Zahir. Compilador y editor.

ORJUELA, Héctor H. (1983). Yurupary: mito, leyenda y epopeya del Vaupés: con la traducción de la “Leggenda dell’Jurupari” del conde Ermanno Stradelli por Susana N. Salessi. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, LXIV.

REICHEL-DOLMATOFF, Gerardo. (1996). Yuruparí: studies of an Amazonian foundation myth. Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press.

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