El mito de creación de la cultura Kogui desde una perspectiva junguiana: metáforas sobre la psique humana

“Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. Sólo el mar estaba en todas partes. El mar era la madre. Ella era agua y agua por todas partes, y ella era río, laguna, quebrada y mar, y así ella estaba en todas partes. Así, primero sólo estaba la madre…la madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era aluna. Ella era espíritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria. Así la madre existió solo en aluna en el mundo más abajo, en la última profundidad, sola”  Mito Kogui de la Creación (fragmento inicial)

La psicología junguiana aborda la mitología como un producto de lo inconsciente colectivo, en el que es posible identificar motivos típicos que contienen una sabiduría primordial y atemporal. La lectura simbólica de los mitos favorece la integración de las perspectivas que se desprenden de ellos y que  compensan las actitudes parciales y unilaterales de la consciencia. 

La pregunta sobre el origen, que es a la vez, el  de la humanidad, de la conciencia y del ego,  es uno de los cuestionamientos fundamentales a los que procuran dar respuesta, de manera simbólica, los mitos de creación de todas las culturas.

Las comunidades  Kogui se encuentran asentadas en la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, en el Caribe colombiano. Su población actual se calcula en unas 15.000 personas. Los Kogui guardan parentesco con los antiguos Tayronas, que se desplazaron a zonas de difícil acceso en la Sierra Nevada para protegerse de algunas comunidades hostiles a las que se enfrentaron, y posteriormente de los españoles en el periodo colonial.  Los Koguis  se consideran a sí mismos, a partir de su mitología, como “hermanos mayores de la humanidad” con la misión de preservar el equilibrio de la tierra-madre. 

El caos y la oscuridad como germen del orden y la luz 

Es una constante en diferentes mitos de creación caracterizar el estado inicial como oscuro e indiferenciado.  A partir de dicho estado originario emerge como contraste,  la conciencia, que se relaciona con la luz y  el día.  El mito de creación Kogi no es una excepción, en el estado inicial :  “Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas”

Para la psicología junguiana el  surgimiento y la evolución  de la consciencia colectiva tiene paralelismos con el desarrollo de la personalidad y de la   conciencia individual. El estado originario de las mitologías se corresponde  con lo inconsciente, que alude  a la fuente profunda, a lo oscuro, a lo no visible pero operante.   Se considera, así mismo,  que el inconsciente  funciona  en  una dinámica de oposición y  complementariedad con la claridad y la luz de la consciencia. 

En el  inconsciente  las polaridades inherentes a la existencia :  masculino-femenino, adentro-afuera etc,  se encuentran indiferenciadas.   El surgimiento de la consciencia se da a partir de  la construcción de un ego- centro de la conciencia-  con la capacidad  de diferenciar entre un Yo(lo que somos )y lo otro ( lo que no somos)

El caos arquetípico de lo que todo emerge y  que prefigura un orden, es también,  una condición que se presenta en nuestras vidas cuando atravesamos una crisis en la que se  pierden los referentes que nos habían servido de soporte.   Experimentamos entonces estados de confusión y desorientación que son  preludio del surgimiento  de una nueva perspectiva o actitud ante la vida.  Todo nuevo comienzo entonces implica una regresión a esta matriz primordial. 

El arquetipo de la Gran Madre y el Sí Mismo

El estado originario se suele representar en diferentes mitologías como una Gran Madre, nutridora, de la que emerge la vida.  Todo lo que denota profundidad como el mar, y todas las fuentes de agua,  el abismo, el valle, la cueva, la casa y la ciudad se encuentran relacionados simbólicamente con este arquetipo materno. Para los Koguis: “…sólo el mar estaba en todas partes. El mar era la madre. Ella era agua y agua por todas partes, y ella era río, laguna, quebrada y mar, y así ella estaba en todas partes”

Es posible encontrar en diferentes mitos de creación  la descripción del estado inicial, como un estado en potencia, no manifestado, como espíritu.  “Ella era aluna. Ella era espíritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria” En este fragmento del mito Kogui se expresa también otro elemento característico del estado inicial como contenedor del conocimiento supremo, del cúmulo de sabiduría ancestral, nombrado en este mito  como “ella era pensamiento y memoria”. 

Para Jung lo inconsciente, a diferencia de Freud, no solo es  producto de la represión sino que es también una fuente creativa que  contiene  la experiencia acumulada de la humanidad y de todo su recorrido evolutivo.  Jung  resalta   como para muchas culturas todo conocimiento es un recordar, es acceder a la memoria que nos antecede.  Este estado en potencia, de lo que todo emerge y a lo que todo confluye, se encuentra relacionado con las conceptualizaciones junguianas sobre el  arquetipo del Sí Mismo, aspecto  que guarda importantes similitudes con el concepto del Tao oriental. 

Para el analista junguiano Erich Neuman “la teoría mitológica de la adivinación  explica la idea de que todo conocimiento es “memoria”. El objetivo del hombre en el mundo es recordar con su mente consciente lo que era el conocimiento antes del advenimiento de la conciencia”

La añoranza de la Gran Madre como anhelo de trascendencia

Para  Neumann, “la imagen viviente de la Gran y Buena Madre ha sido el refugio de la humanidad en todos los tiempos de angustia y lo será siempre, ya que el estado de estar contenido en la totalidad, sin responsabilidades ni esfuerzos, sin dudas ni división del mundo en dos, es paradisíaco, y su prístina despreocupación nunca podrá alcanzarse nuevamente en la vida adulta” 

El precio que pagamos por el despliegue de la consciencia e individualidad, es la expulsión del paraíso, del estado de completud y satisfacción plena que se relaciona con  la Gran Madre.  La primera vivencia de este arquetipo es a través de nuestros padres o cuidadores primarios  que al estar revestidos bajo su influencia, adquieren un carácter cuasi-religioso para nosotros.  Después esta añoranza de completud y de totalidad  la buscamos satisfacer en ideologías, instituciones y en las relaciones de pareja. Las relaciones de pareja  se constituyen en un lugar privilegiado para la  maduración y refinamiento de lo arquetípico primario.    

La añoranza de plenitud es fuente de inconformidad y  motor de transformación, es anhelo de trascendencia. Es el deseo eternamente insatisfecho de completitud.  Se simboliza como la búsqueda del santo grial, es el “tesoro difícilmente alcanzable” de múltiples historias. Es el deseo de autorrealización. La necesidad de desplegar nuestra vocación, nuestro aporte singular al mundo.  

El doble aspecto de la Madre

La Gran Madre tiene un carácter ambivalente, además de su faceta como fuente de vida, cuidadora y nutridora, es también el factor que permite la muerte y  la destrucción, como parte del  necesario equilibrio y renovación de todo lo que existe.  La Gran Madre se representa entonces también como cueva, tierra, tumba, sarcófago y ataúd. 

Cuando nuestra psique se encuentra  propiciando  un cambio cualitativo en su proceso evolutivo  se constela  en nosotros el aspecto oscuro de la Gran Madre entonces lo que fue en algún momento  factor de bienestar y satisfacción se constituye en fuente de asficcia, persecución o  limitación.  

El aspecto oscuro de la Madre  se representa en las historias como la cruel madrastra, la bruja hechicera, el dragón o la serpiente con la que se debe enfrentar el héroe o la heroína para salvarse o acceder el “tesoro difícilmente alcanzable”. Tesoro que  según la perspectiva junguiana, es  el despliegue de la propia autenticidad y realización de la personalidad. 

Para Neuman “El aplastante poder del inconsciente, esto es, el aspecto devorador y destructivo bajo el cual éste también se manifiesta, es visto en sentido figurado como la madre malvada, ya sea como la sangrienta diosa de la muerte, las plagas, la escasez, las inundaciones, y la fuerza del instinto” 

La imagen del polluelo que debe romper el cascarón que le sirvió de sostén durante su tiempo de incubación, es una buena metáfora para los momentos en que se nos exige destruir algo para darle paso a la complejización correspondiente a una nueva etapa vital.

En el mito de creación Kogui la  Gran Madre da vida a Sintána, el primer hombre,  pero luego despliega su lado oscuro persiguiéndolo por haberse escapado con la Tierra Negra, una de sus hijas fértiles que mantenía escondida, impidiendo así la regeneración de la vida y la independencia de Sintána.

La persecución de la Gran Madre y el escape de Sintana,  que cuando es encontrado llora,  expresa también un elemento arquetípico de los mitos de creación como es  la transgresión de un mandato o de una prohibición.  Para Jung   no es posible desplegar una vida creativa y auténtica sin la transgresión de una norma, un tabú o un mandato y sin asumir los sentimientos de malestar que emergen concomitantes a dicha transgresión. La confrontación con el aspecto oscuro de lo materno exige y permite  desplegar los recursos internos que son necesarios para  la etapa siguiente del desarrollo, es una salida de la ingenuidad y de ciertos aspectos infantiles que necesitan madurar. 

El hijo-amante y fecundador

En el mito Kogui, Sintána, el primer hombre, es como en muchos otros mitos, hijo-amante y fecundador de la Madre Primordial.  Históricamente, plantea Neuman, la imagen del hijo-amante-fecundador corresponde al periodo en que la  dependencia del hombre con respecto a la tierra y la naturaleza se encuentra en su máximo nivel.  

En el ámbito individual se refiere a la etapa  en la que el Ego no es todavía  lo suficientemente sólido y es arrastrado por los factores inconscientes de los cuales depende. ”..la conciencia infantil, constantemente atenta a sus ligaduras y dependencia con respecto a la matriz de la cual surgió, gradualmente se convierte en un sistema independiente; la conciencia se convierte en auto-conciencia, y un Yo que reflexiona y que tiene conocimiento de él mismo emerge como el centro de la conciencia” plantea Neuman. 

Para Jung,  al nacer somos entes eminente colectivos, regidos por nuestros instintos, mediatizados por lo arquetípico.  A lo largo de la vida vamos desplegando nuestra unicidad, nuestra singularidad, vamos siendo menos dependientes y esclavos de la naturaleza, podemos hacer uso de nuestro libre albedrío, de nuestra voluntad.  En la medida que profundizamos en nuestro interior ganamos dosis de elección con respecto a los  condicionamientos que arrastramos por las circunstancias de la vida a las que hemos estado expuestos.   La consciencia y el ego se consideran  un logro que emerge de la lucha por el avasallamiento de lo inconsciente. 

La  complejización de la psique

En los mitos de creación es usual que se describa una sucesión de mundos que van adquiriendo cada vez una mayor complejidad. En el mito de creación Kogui se describe la formación de 9 mundos en los que, de manera paulatina, van emergiendo seres cada vez con mayor similitud a los seres que finalmente se crearon.  “Entonces se formó el quinto mundo. Ya había gente pero aún le faltaban las orejas, los ojos y las narices. Sólo tenían pies… Entonces se formó el octavo mundo. Nacieron los 36 Padres y dueños del Mundo. Lo que iba a vivir luego no estaba aún completo, pero ya casi porque aún no había amanecido..”

Desde la perspectiva junguiana se plantea que  la personalidad se va desplegando en estructuras cada vez de mayor complejidad, en un proceso  que implica la destrucción y el desapego de la posición ya alcanzada. Se resalta que en nuestra psique cohabitan una tendencia conservadora, que vela por mantener lo conseguido y otra que promueve el cambio y la transformación.  

Lo andrógino como principio y fin 

La gran Madre primordial suele describirse con atributos andróginos. Las imágenes de las Vírgenes negras por ejemplo, que son consideradas una de las expresiones de la gran Madre primordial,  poseen unos rasgos que evocan la presencia conjunta  de aspectos relacionados tradicionalmente con lo femenino y lo masculino.  Para Neuman “los dos elementos del Mundo Parental (madre y padre arquetípicos), que son la respuesta a la pregunta acerca del origen, constituyen en sí mismos el universo y el símbolo primordial de la vida eterna. Ambos son la perfección de donde todo surge; el ser eterno que engendra, concibe y se da a luz a sí mismo, que mata y revivifica”

En el mito Kogui se narra “..la Madre parecía entonces como un hombre. Tenía barba y bigote y llevaba poporo, como los hombres”

La historia evolutiva de la consciencia tanto individual como colectiva se plantea originada en  una fusión de  polaridades. Posteriormente la construcción paulatina  del ego permite y exige la diferenciación de dichas polaridades, para posteriormente volver a percibirlas como parte de una unidad, pero esta  vez, de una  manera consciente. Es decir, es necesario recorrer el camino de la diferenciación, de la individualidad, para retornar al reconocimiento de la unidad que nos vincula y subyace. 

Jung plantea que el hombre moderno occidental, como parte del proceso que le impulsa al despliegue de individualidad y de conciencia, se ha identificado unilateralmente con la razón, el progreso ,el materialismo y el mecanicismo, distanciándose de su naturaleza animal, de la experiencia corporal, de la orientación y autorregulación que brinda el mundo interior de lo arquetípico, de lo simbólico. 

El alejamiento de la perspectiva simbólica ha generado un desequilibrio, una crisis colectiva que exige la transformación de principios y símbolos básicos. Lo anterior se manifiesta como un estado de escisión, de fragmentación, que es a la vez síntoma y expresión de la transición a un nuevo orden.

Nos encontramos entonces colectivamente en la necesidad de reconocer y ser conscientes de la unidad que nos subyace y que nos vincula al planeta como Madre y a todos los seres que le habitamos como interdependientes.  Esto se ve reflejado en la ruptura con la rígida compartimentación de géneros, concepciones de familia, pareja etc.  y la emergencia de modelos más flexibles, diversos y abarcadores. Se describe la dinámica de los tiempos contemporáneos como líquida, fluida, y en que  el nomadismo, en diferentes ámbitos, es tendencia. 

La conciliación de los opuestos

El proceso de individuación individual y colectivo  se plantea como una conciliación y convivencia armónica de las polaridades.  En el mito Kogui se expresa como la conciliación de la Madre y el hijo que transitan de la oposición a la alianza.   Hace referencia a la conciliación entre lo  inconsciente y la consciencia, en la que emerge un ego reflexivo que se reconoce como centro de la conciencia. 

La complejidad de la psique, la madurez de nuestra personalidad nos permite asumir paradojas cada vez más complejas.  Logramos percibir matices, trascender las dicotomias  blanco o negro, bueno o malo, victima-victimario etc. 

Para Erich Neumann, el proceso de la evolución de la Conciencia colectiva en la cultura occidental ha pasado de la inconsciencia matriarcal con predominancia de lo instintivo, el animismo y lo colectivo, al escepticismo patriarcal en el que han primado la racionalidad y la  individualidad. Para Neumann, la necesaria etapa patriarcal —que permitió el despliegue de la tecnología y la conciencia—, está viviendo su ocaso por agotamiento. El espíritu de la época corresponde entonces a la necesidad de una perspectiva en la que se incluya lo femenino, lo inefable, lo colectivo.

Daniel Ulloa Quevedo

Psicólogo Clínico – Psicoterapeuta Junguiano

Contacto

Joven de la Comunidad Kogui

 

Referencias bibliográficas

ALONSO,  J,  «UNA INTERPRETACIÓN PSICOLÓGICA DEL MITO KOGI DE LA CREACIÓN». CES Psicología , vol. 2, no. 1, 2009, págs. 91-106.  https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=423539414008

BARING, A., CASHFORD, J., & VAN DER POST, L. (2019). El mito de la diosa: evolución de una imagen.

JUNG, C. G. (1990). Las relaciones entre el Yo y el Inconsciente. Barcelona: Editorial Paidós. 

JUNG, C. G. (1991). Arquetipos e Inconsciente Colectivo. Barcelona: Editorial Paidós 

JUNG, C.. G(1998). Símbolos de transformación. Barcelona  Paidós.

JUNG , C. G. 2014. Civilización en transición. Madrid: Editorial Trotta.

NEUMANN,  E (2015). Los orígenes e historia de la conciencia. Traducción Juan Brambilla Vega. Editorial Traducciones Junguianas. ISBN 9786124745317.

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