Salsa y psicología junguiana (parte I de IV)

Origen de la Salsa

La salsa es un estilo musical que surge en Nueva York a finales de los años 1960 y principios de 1970, a cargo de músicos de origen latinoamericano que mezclaron su herencia musical caribeña con elementos propios de músicas norteamericanas como el jazz, el rock o el soul. Desde su origen, ha tenido un carácter migrante y sus temáticas han aludido a la desigualdad social, al racismo, a la marginalidad.

A esta salsa originaria se le conoce en la actualidad como salsa brava o salsa dura, para diferenciarla de los estilos que surgieron posteriormente a partir de la comercialización musical salsera como: la salsa erótica, la salsa romántica o la timba cubana.

Cronológicamente el primer baile de la salsa fue el estilo cubano o salsa casino. En sus movimientos se mantiene de manera más evidente el alma africana (polirrítmica, circular, menos estructurada) recibiendo influencias de otros bailes de la isla como la rumba o el son montuno.  

Posteriormente surgió la salsa en línea que está más relacionada con las academias de baile. Este estilo recibe influencias del Mambo, del Rock and Roll y de otros bailes que se ejecutan manteniendo una línea recta imaginaria en la pareja.

Según su procedencia, también hay salsa estilo New York, Los Ángeles, Puertorriqueña, y Salsa Caleña entre otras.

Jung y la música

Para Jung, la música “expresa en sonidos lo que las fantasías y visiones expresan en imágenes visuales… representa el movimiento, el desarrollo y transformación de motivos del inconsciente colectivo”. Es por lo tanto, un vehículo de lo Simbólico —que para Jung, es la expresión de lo numinoso, de lo eterno, de aquello que solo puede ser vislumbrado  a través de imágenes que  acogen  lo sutil, lo paradójico, lo inefable—. Lo que en su Libro rojo es nombrado como el Espíritu de las profundidades.

En su cualidad  simbólica, la música integra opuestos: tonalidad mayor/menor, armonía/disonancia, crescendo/decrescendo, tensión/solución, silencio/sonido, quietud/movimiento, alto/bajo (en intensidad), entre otros.

Grandes músicos han reconocido la influencia del pensamiento  junguiano en sus creaciones. La imagen de Jung aparece en la portada del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles (1967). Peter Gabriel, compuso Rhythm of the Heat (Security, 1982) inspirado en la narración que Jung hace en su autobiografía acerca de su visita a una población africana en la que se vio abrumado y conmovido por un grupo de percusionistas y bailarines tribales. El álbum de mayor popularidad de la banda británica The Police, llamado Synchronicity (1983), hace alusión al concepto de las coincidencias significativas de Jung. Sting ha declarado haberse interesado en la psicología junguiana y haber pasado por un proceso analítico.  

Las referencias simbólicas y específicas a Jung abundan en las creaciones musicales de David Bowie, principalmente en su álbum Aladdine Sane (1973). El músico argentino Luis Alberto  Espineta, en su álbum Durazno Sangrando (1975) demuestra la influencia de los textos de Jung en sus canciones, particularmente en “Encadenado al ánima” y “En una lejana playa del Animus”. Charly Garcia compuso una canción que alude al concepto del Inconsciente Colectivo (1982): “Ayer soñé con los hambrientos, los locos. Los que fueron,  los que están en prisión. Hoy desperté cantando esta canción. Que ya fue escrita hace tiempo atrás. Es necesario cantar de nuevo una vez más”.

Los temas y la estética de los vídeos de la banda surcoreana BTS, actualmente la más popular entre los adolescentes de todo el mundo, tienen una notable influencia de la obra de Jung. Su último álbum se denomina Map of the Soul (2020) homónimo del libro del analista junguiano Murray Stein sobre los conceptos principales de la psicología junguiana.  

Jung y la danza

Jung describe el proceso de crecimiento psíquico como una danza, una interacción entre polaridades complementarias, de la que surgen estructuras cada vez más complejas e integrales. Una de las polaridades complementarias más abarcadoras, de cuya tensión surge el movimiento psíquico, es la de consciente/inconsciente.

Para Jung, la conciencia simbólica, la imaginación, la creatividad, es la facultad que nos permite realizar ese diálogo con lo oculto, con lo trascendente, con lo irracional, con nuestros potenciales no vividos. El movimiento expresivo del cuerpo es uno de los variados modos de expresión y de acceso a la imaginación. La danza puede ser concebida entonces como un imaginar con el cuerpo, un instrumento de acceso y diálogo con lo inconsciente. 

El cuerpo en la psicología junguiana

El cuerpo registra y almacena la novela de nuestra vida. Es el lugar de la experiencia, donde habitan nuestras heridas, nuestros recursos, nuestros potenciales no vividos.  

Una de las primeras investigaciones empíricas de Jung fue acerca de la expresión fisiológica de los aspectos emocionales por medio de su conocido test de asociación de palabras.

En uno de sus seminarios manifestó: “¿Qué es el cuerpo? El cuerpo es meramente la visibilidad del alma, de la psique; y el alma es la experiencia psicológica del cuerpo. De modo que es realmente una y la misma cosa… la diferencia que hacemos entre psique y cuerpo es artificial. Se hace al servicio de una mejor comprensión. En realidad, no hay nada más que un cuerpo vivo. Ese es el hecho; y la psique es tanto un cuerpo vivo como el cuerpo es una psique viva: es lo mismo”

Jung consideraba muy importante la conciencia corporal, el habitar el cuerpo,como parte del proceso de maduración de la psique, “cuando  el  gran  ritmo  ha  llevado  al  individuo  al  mundo  de  los  misterios  simbólicos,  nada  viene  de  allí,  nada  puede  provenir  de  allí,  a  menos  que  haya  sido  asociado con  la  tierra,  a  menos  que  haya  sucedido  cuando  el  individuo  estaba  en  el  cuerpo. Y por  eso  la  individuación  sólo  puede  tener  lugar  si  retornas  primero  al  cuerpo,  a  tu  tierra, sólo  entonces se hace  realidad.”

Planteó que las personas que no son conscientes de su propio cuerpo “sufren de una cierta irrealidad de la vida, no saben cuándo tienen hambre y descuidan las funciones corporales simples”.  

El cuerpo es entonces el elemento que nos enraiza, que nos pone límites, en ocasiones también es un aspecto de la Sombra, de lo negado o rechazado por el ego: “El cuerpo es un amigo dudoso porque produce cosas que no nos gustan: existen demasiadas cosas relacionadas con el cuerpo que no pueden mencionarse”, precisó.   

La danza y los arquetipos de lo inconsciente colectivo

Las conductas y las motivaciones se encuentran condicionadas en los animales no humanos por los instintos que, por ejemplo, bajo ciertas circunstancias internas y externas, compelen a las aves a migrar, a fabricar un nido, a realizar movimientos que podríamos interpretar como una danza de cortejo.

El correlato de los instintos para los seres humanos, desde la perspectiva junguiana, está en los arquetipos de lo Inconsciente colectivo. Los Arquetipos se pueden entender como factores evocadores de imágenes, afectos y conductas, que nos movilizan a satisfacer necesidades primordiales para la especie humana como: formar un hogar independiente del de nuestros padres, proveernos el sustento, crear, pertenecer, y en general, a desplegar nuestro mayor potencial y autenticidad.

A diferencia de los instintos animales, que tienen un carácter cerrado y unívoco, el influjo de los arquetipos en los humanos es simbólico. Esto implica que las necesidades y las  conductas que se les relaciona no necesariamente tienen que verse satisfechas desde la literalidad.  

Las danzas en los animales, por ejemplo, condicionadas bajo patrones cerrados, se expresan de manera invariable a través del tiempo y son prácticamente iguales en todos los miembros de una especie. Las danzas humanas evolucionan, se transforman y tienen múltiples expresiones y singularidades en cada cultura en la que emergen.  

A pesar de todas las variaciones, Jung resaltó que es posible identificar una serie de imágenes y temas que están presentes, no solo en  las danzas ancestrales, sino en todas las expresiones creativas —también en los sueños de todas las personas y en los delirios psicóticos—.  

El hecho de que estas imágenes emerjan de manera espontánea en todo tiempo y lugar, le sugirió a Jung el planteamiento de la hipótesis de una matriz común, fuente de lo arquetípico, de lo inmanente humano, a la que denominó, lo Inconsciente Colectivo.

Para Jung, los arquetipos están ahí antes de que naciéramos, somos receptores de influencias arquetípicas que entran en nosotros y nos crean. Nosotros no los creamos, ellos nos crean a nosotros.

Los arquetipos: entidades divinas y afectos

Según Jung, las culturas ancestrales percibieron los Arquetipos como factores impersonales y trascendentes que incidían en su devenir y fueron  personificados como entidades divinas a los que les rendía culto mediante sacrificios y tributos.  

Las mitologías de todos los pueblos son por este motivo un catálogo privilegiado para la comprensión de las fuerzas operantes que nos trascienden, de sus dramas e interacciones en la vida de los pueblos y de los individuos.

Muchas danzas originarias consistían en la imitación de los movimientos y sonidos de los animales de poder. Animales que en aquel contexto poseían una connotación mística.   

En la actualidad, el influjo de los arquetipos a través de la música y la danza lo podemos entender como el efecto evocador de imágenes, ideas y estados anímicos correspondientes a las singularidades de cada música y baile. Hay músicas y bailes que nos evocan determinados sentimientos, atmósferas o paisajes. Hay músicas que favorecen la concentración o la dispersión, la placidez o la agresividad. 

La música  nos permite modular emociones, acompañar  estados de ánimo, avivar energías internas o apaciguarlas. Con el baile le damos forma a estos factores, somos mediadores de esas fuentes de vida, sentido, autorregulación y crecimiento que son los arquetipos.  

Salsa y Santería 

La relación del baile y la danza como instrumento de relación con lo trascendente es más explícita en las canciones de Salsa que hacen alusión a la Santería cubana. 

En ritmo de Charanga —ritmo cubano precursor  de la salsa—, quizás el tema más popular con temática alusiva a la santería es Qué viva Changó (1949) de Celina y Reutilio. Ya en ritmo de salsa, Aguanile (1972) de Héctor Lavoe  y Willie Colon, es uno de los más conocidos, aunque hay muchos más. 

La santería es una práctica religiosa que se remonta a la época colonial en Cuba. Tiene sus raíces en los esclavos provenientes de África Occidental que se apropiaron de los Santos del catolicismo para conservar sus tradiciones culturales Yoruba —reprimida por la evangelización cristiana por parte de los españoles—.

En la santería se rinde culto a la naturaleza y a diferentes espíritus, denominados Orishas,  que pueden ser invocados para hacer el bien o el mal, a través de un mediador o sacerdote conocido con el nombre de Babalao.

El Bembé es la fiesta tradicional para los Orishas en la que son alabados e invocados para que se unan a la fiesta. La presencia de los Orishas se hace efectiva  en alguno de los sacerdotes presentes por medio de la posesión. El Babalao entra en estado de trance fomentado por el ritmo de los tambores y los movimientos del cuerpo.

A cada Orisha se le atribuye un ritmo y una danza particular. La danza de Yemayá —divinidad de la fertilidad—, simula el movimiento de las olas, la de Oggún —divinidad de la guerra, los cirujanos y  los herreros—  el corte con el machete. La danza se convierte en un rezo, en una oración con el movimiento del cuerpo. En algunos movimientos y figuras de la salsa se pueden intuir aún algunas de estas imágenes.   

Santería y psicología junguiana

Es posible encontrar correspondencias entre el modelo junguiano de la psique y algunos conceptos de la cosmogonía Yoruba. Las cosmogonías ancestrales fueron fuentes relevantes, de las que Jung se nutrió para sustentar sus hipótesis.

El Ashé es uno de los conceptos fundamentales de las religiones Yoruba. Es entendido como la energía básica del universo, que necesita estar equilibrada para el adecuado funcionamiento de la existencia. Los Orishas se consideran como factores que inciden en el mantenimiento de este orden y equilibrio.

En el contexto de la cosmogonía Yoruba, el Ashé no se considera bueno o malo pero su desequilibrio suscita enfermedad, males o calamidades para las personas. Por todo esto, dentro del lenguaje popular de la santería cubana, también se le denomina Ashé a la suerte que tiene una persona.

El concepto de Ashé, guarda importantes similitudes con el concepto de Libido en  la psicología junguiana. Jung describe la libido como la energía psíquica primordial que se manifiesta en imágenes, fantasías, deseos, necesidades, afectos.  

La libido es la que “sabe” hacia dónde dirigir al individuo en su camino de maduración, crecimiento y sanación. Es el motor de la transformación. Puede ser entendida, de manera similar, al Ashé, como “la suerte” o la “mala suerte” que nos conduce por la experiencia necesaria. Evoca en este sentido al Daimon socrático, que era, para los griegos, el espíritu protector que acompañaba a la gente desde su nacimiento hasta la muerte determinando su carácter, su esencia, su destino.   

La libido emerge a partir de la tensión de las polaridades internas, que tienden hacia la unidad —consciente/inconsciente, luz/oscuridad, femenino/masculino—. Este proceso se ve mediatizado por factores transpersonales que funcionan como mecanismos de autorregulación y generación de orden (arquetipos) con cualidades análogas a las que se le otorgan en la cosmogonía Yoruba a los Orishas 

De manera similar a la concepción de la cosmogonía Yoruba, para la psicología junguiana, la enfermedad, la neurosis, las calamidades son producto del desequilibrio, esto es, de la identificación unilateral con alguna de la polaridades de la existencia. Para Jung, la enfermedad emerge entonces como el intento de la psique de retornar al equilibrio en estructuras cada vez más complejas e integrales. Hillman en este sentido manifestó que hay un amor secreto en cada situación problemática con la  que nos enfrentamos ya que se nos está promoviendo un modo distinto y más completo de ser.

El espiritismo y los complejos afectivos

Jung estuvo interesado en los fenómenos de posesión y espiritismo que fueron muy populares en Europa a finales del Siglo IXX. Realizó algún artículo sobre el tema cuando aún era estudiante y en su tesis doctoral titulada: “Acerca de la psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos”, analizó las experiencias en estados de trance y posesión de una prima suya llamada Helen.

Para Jung, desde el punto de vista psicológico, las entidades espirituales que se hacían presentes en las experiencias de mediumnidad eran posiblemente “representaciones de aspectos inconscientes que se han disociado de la personalidad consciente del sujeto”, eran por lo tanto, una expresión de lo que denominó posteriormente en su psicología como Complejos afectivos.

Los complejos afectivos se pueden entender como una especie de subpersonalidades —constitutivas de la psique—, que con algún grado de autonomía perturban la conciencia. Un indicativo de que estamos actuando bajo el influjo de un complejo es la desproporción o no correspondencia de nuestras reacciones con respecto a las circunstancias del contexto.

Jung en ocasiones se refirió  a los complejos afectivos como los pequeños “demonios” que nos poseen, alterando nuestra percepción y nuestras conductas. Podemos estar “poseídos” de emociones como celos, envidia, fobias, deseos, ideas paranoicas, pensamientos obsesivos.  

Una de las manifestaciones de los complejos son los olvidos, los errores lingüísticos, los tropiezos, también las enfermedades psicosomáticas, dolores en el cuerpo sin un componente orgánico. Para Jung, los complejos poseen un núcleo arquetípico, por lo que además de nutrirse de las experiencias personales, se relacionan con vivencias y situaciones con las que se ha enfrentado la humanidad a lo largo de su historia: como la rivalidad entre hermanos, la necesidad de emanciparse de los padres, la muerte, la búsqueda de sentido etc.

Daniel Ulloa Quevedo

Psicólogo Clínico – Psicoterapeuta Junguiano

Contacto

Jung y la Salsa parte II

Jung y África;  La salsa como expresión del espíritu del tiempo; El retorno de lo dionisiaco, El reencuentro con el alma y la tierra; Festivales como peregrinación; Salsa cubana-salsa en linea; Cali: la salsa como resistencia.

Jung y la Salsa parte III

Bailar Salsa como transformación alquímica;  La danza como alquimia;  El cuerpo como receptáculo; Cuerpo y memoria, Kairos: el momento oportuno, Los opuestos complementarios, Bailar en pareja y la función trascendente, El baile como espejo; El maestro y el aprendiz.

Jung y la salsa parte IV  

El baile como juego y expresión creativa; La vida es un carnaval; Experiencias primordiales que se reeditan en el baile, El baile y la sincronicidad. 

Referencias Bibliográficas

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